lunes, 5 de noviembre de 2012

¿Crisis historiográfica en la Historia Económica de la Edad Moderna?


La segunda parte del artículo de Hilario Casado se centra en describirnos brevemente la crisis de la historiografía durante el período preindustrial, para lo que realiza una división cronológica:
  •           Por un lado, estaría el auge de la historia económica moderna española, que abarcaría desde la década de 1970 hasta el siglo XXI.
  •            En cambio, desde hace aproximadamente 10 años, el número de publicaciones dedicadas a la historia económica durante la edad moderna se ha visto notablemente reducidas. Para demostrar esta decadencia, el autor analiza el número de publicaciones en revistas científicas y de Congresos llevados a cabo por la “Asociación Española de Historia Económica” y la “Fundación de Historia Moderna”.

Además  de estas argumentaciones, Hilario Casado argumenta algunos de los motivos que para él son esenciales a la hora de comprender el declive de la historia económica moderna:
  1.  Al haber menor número de publicaciones, los jóvenes investigadores consideran que es un campo donde ya hay un trabajo preestablecido  y es por eso por lo que se centran en otras áreas de investigación. Conviene señalar, que como vimos en clase, esta información no es más que una mera opinión del autor y que no está del todo fundamentada.
  2.  La jubilación o muerte de aquellos seguidores de la historiografía francesa, que introdujeron este tema en las décadas de los 60, 70 y 80.
  3. Va existiendo interés por otros campos o áreas de investigación como es la familia, el poder, la cultura…
  4. Los jóvenes investigadores tienen mayor interés por los estudios de historia económica contemporánea, sobre todo aquellos que están centrados en la industrialización.

No obstante, aunque el panorama es incierto, sigue existiendo una cierta esperanza en este campo, gracias a la crisis financiera en la que estamos sumidos desde el año 2008, ya que es a partir de entonces, cuando se llega a la conclusión de que estudiar el pasado, puede en más de una ocasión servirnos para encontrar soluciones a los problemas que van surgiendo en el presente. También son importantes otras áreas de investigación centradas que se encuentran centradas en lo social, lo político o lo cultural; y los investigadores se han ido dado cuenta de que necesitan de la historia económica para sus estudios, y esto hace que se vaya valorando cada vez más.
Otro de los puntos que sobresalen en el artículo, son las diferentes líneas de investigación que tienen cabida dentro de la historia económica edad moderna, que van siendo ampliadas:
  •   “Macromagnitudes”, donde los datos o cifras son las medidas necesarias para demostrar la transcendencia económica de una país (PIB, la renta per cápita, los sueldos…).
  •  Estudios del consumo, para estimar la evolución de la oferta y de la demanda en los siglos XVI, XVII y  XVIII.
  • Hay muchos estudios sobre la agricultura, pero ha tenido mucha menos transcendencia otras actividades como la banca  o las manufacturas.

En cuanto a la metodología, es necesario destacar el cambio que ha habido a la hora de emprender las investigaciones dentro de este campo y destacan:
  • Los estudios comparativos de la evolución de la economía moderna de España con la de otros países europeos; los cuales son claves para romper los diferentes clichés o mitos que van surgiendo, como por ejemplo, que la económica española se mantuvo estática, cuando gracias a los estudios se sabe que hubo una mejora de la productividad en todo el panorama nacional.
  • Estudios sobre el papel del mercado en la economía preindustrial, que lleva a numerosos debates en la actualidad.
  •  La reconstrucción de las redes comerciales basadas en la confianza y en la reputación.
  •  Más estudios centrados a nivel regional.
  • Acercamiento al área social, porque hay estudios que se centran en la forma de manejar el patrimonio de la nobleza y de la iglesia, al igual que el patrimonio de artesanos, mercaderes, etc.

Finalmente el artículo termina con una conclusión, donde el autor destaca brevemente que todavía quedan muchas líneas y áreas de investigación para el estudio de la historia económica antes del periodo preindustrial, demostrando que se puede combinar con otras ramas de la historias y que además se puede utilizar las nuevas tendencias en el estudio de la teoría económica. 

Grupo 3: Julia Aguilar Rosa, Patricia Esteban Deleito, Alejandro Ferández Palmero y José Javier Fuentes Martín

domingo, 4 de noviembre de 2012

Sobre la historiografía económica en España

Al hablar sobre la historiografía de la Edad Moderna en España a partir de la primera parte del texto de Casado, y especialmente en su faceta económica, se deben tener en cuenta las dificultades del estudio de la historia económica debido a la cantidad de nuevos investigadores con nuevas metodologías que se suman a las antiguas, que por un lado enriquece su estudio. Es en los últimos años cuando el estudio en España se está abriendo a las tendencias internacionales.

Hay que señalar que será tras el franquismo cuando se empiezan a dar enfoques diferentes sobre la historia económica y social, gracias a la apertura académica, la creación de más universidades y publicaciones de divulgación e investigación. Es por ello que los 70, 80 y 90 se ha considerado como la "edad de oro" del estudio de la historia económica en España que ha generado una amplia bibliografía. 

Pero también surgen problemas, pues esta bibliografía no suele estar traducida a otras lenguas por lo que en algunos países se sigue estudiando la historia de España en base a los manuales de los 60. Aunque por otro lado esto abre nuevas puertas de trabajo a futuros investigadores.

En estos años también se crearía la Asociación Española de Historia Económica, cuyas principales líneas de investigación podemos resumirlas en los siguientes puntos: la demografía de los siglos XVI al XVIII, la historia rural, producción urbana, la historia marítima y la financiera. Es de destacar los congresos que se han ido realizando en este sentido.

Como conclusión podemos terminar diciendo que aun queda mucho trabajo que realizar sobre la historia económica de la Edad Moderna, un estudio que tendrá que estar relacionado con otras áreas de la historia y disciplinas sociales. Porque estudiando el pasado podremos comprender mejor los convulsos tiempos económicos del presente.

Grupo 2: Víctor, Elena, Laura y Laura


Karl Polanyi (1886-1964)


La importancia de Karl Polanyi, pensador económico revalorizado en la actualidad, radica en que fue defensor de una vía intermedia entre el socialismo y el capitalismo de libre mercado, vía que tal vez no ha sido suficientemente explorada aún.

Polanyi nació en una familia de intelectuales húngaros en 1886, y cursó Filosofía y Derecho en la Universidad de Budapest. Participó en la 1ª GM y, tras el desmoronamiento del Imperio Austro-húngaro y el establecimiento de la República Soviética de Hungría, huyó a Viena, escapando del comunismo.

En los años 20 realizó en Viena una crítica de la escuela austriaca de economía, comenzando a interesarse por movimientos como el fabianismo británico y el socialismo cristiano. Polanyi defendía una economía colectivizada pero no centralizada, es decir, no en el marco de un Estado totalitario, sino controlada por pequeñas organizaciones de ámbito local.

En 1933 vuelve a huir, esta vez por el ascenso del nazismo en Austria tras la victoria electoral de Hitler, y se instala en Londres. Durante la 2ª GM estuvo en EE UU, trabajando en lo que sería su gran obra: La Gran Transformación, publicada en 1944 y que obtuvo buenas críticas de la comunidad académica. No obstante, el pasado comunista de su mujer le acarreó problemas de todo tipo.

Hasta su muerte en 1964, hubo de vivir entre EE UU y Canadá. Sus últimos trabajos versaron sobre la economía de las civilizaciones antiguas, investigaciones recopiladas en Comercio y mercado en los imperios antiguos, de 1957.

LA GRAN TRANSFORMACIÓN

La obra magna de Polanyi tiene por objeto el estudio de los grandes cambios económicos de los siglos XIX y XX. Para el autor, las revoluciones liberal e industrial habían traído consigo la destrucción del orden social previo, y estaban actuando contra el propio ser humano y contra sus entornos naturales. El sistema tradicional de trabajo, que proporcionaba cierta seguridad, se había sustituido por un mercado de trabajo, donde todos los factores de producción (tierra, dinero y trabajo) se habían convertido en mercancías al servicio del capital.

En este contexto, la nueva economía de mercado y los modernos Estados-nación habían conformado lo que Polanyi llamó por primera vez sociedad de mercado. Y es que, para hacer posible el laissez faire, los liberales necesitaban una separación entre lo político y lo económico. Por eso, las revoluciones del siglo XIX no pueden contarse en términos de «progreso» o «modernización», sino como resultado de estas maniobras de la burguesía para eludir sus vínculos con el Estado.

De este modo, Polanyi considera que movimientos como el comunismo o el fascismo no eran sino reacciones naturales ante la avalancha liberalizadora que había acabado con los cimientos de la sociedad. Su punto de vista es, por tanto, muy crítico con el liberalismo, pero tampoco es marxista: defiende un capitalismo más social, una economía planificada a nivel municipal que contrarreste los efectos más negativos del laissez faire.

Grupo 1: Javier Santos, Juan Sainz de Robles, Juan Cuevas y Lorena Pacheco. 

La Economía Española de los siglos XVI y XVII

La generalización interpretativa puede provocar la deformación de los hechos. Esta afirmación, si bien seria suscrita por todo lector crítico y formado, permite introducir un problema básico para la historiografía académica. Es cierto que elaborar grandes visiones de conjunto supone dar prioridad a factores comunes y procesos generales, en los que muchas veces las excepciones son incluidas como confirmación de la hipótesis inicial. Del mismo modo, y más allá de las virtudes que puede tener la generalización, el autor responsable de la selección de los aspectos sobresalientes imprime su huella ideológica a través de la ordenación jerárquica de los conceptos. Este pequeño artículo de Miguel Rodriguez Cancho, acerca de “La Economía Española de los siglos XVI y XVII”, es un ejemplo de la controversia que puede suscitar una generalización personal.
Partiendo del hecho de que nuestros compañeros de clase han elaborado ya un buen resumen de las materias tratadas en el trabajo arriba mencionado, por nuestra parte proponemos una revisión crítica de algunos aspectos que consideramos discutibles. Evidentemente, asumimos la falta de referencias bibliográficas para contrastar nuestras dudas, pero igualmente establecemos esta recensión como principio para un estudio de mayor profundidad.
Resulta difícil resumir el desarrollo económico en los siglos XVI y XVII en un territorio tan complejo como la Península Ibérica, sobre todo considerando la enorme cantidad de factores sociales y políticos que intervienen en el proceso.  En primer lugar, es posible plantear si se debe utilizar el término “España” para referirse a los reinos hispanos. ¿Se puede hablar de “economía española” en los siglos XVI y XVII? Para ello, habría que asumir la constitución completa de un estado centralizado y capaz de articular su poder político y fiscal, al igual que una identificación nacional algo compleja. Conviene tener en cuenta este punto si se quiere avanzar en el análisis, sobre todo cuanto los problemas relacionados con las posibilidades de centralización de los estados europeos son continuos hasta más allá de finales del siglo XIX. En ese sentido, también cabría preguntarse porque el autor de este artículo evita mencionar la relación entre la economía del territorio adscrito a la corona portuguesa y el resto de la Península. Desde el punto de vista territorial, y teniendo en cuenta la cercanía cultural y geográfica, el contacto entre ambos entornos de poder podría tener una importancia clave.
A continuación, la evaluación del argumento del autor, de su esquema evolutivo, nos lleva a plantear un posible exceso interpretativo en cuanto a su fijación por asociar los cambios económicos con “progreso”. Por algún motivo, se asocian crecimiento económico, cambios demográficos, revalorización de la tierra, y progreso del “estado”. Este aspecto se observa con mayor claridad en el análisis de la extensión de las tierras de cultivo, y en su posible contradicción con la extensión de los pastos para ganado. El autor parece relacionar este proceso con el “avance” hacia formas económicas protocapitalistas y hacia una posible acumulación de capital territorial, todo ello con “progreso”. La presencia de un análisis teleológico de la evolución histórica de la economía hispana es más visible cuando se afirma que la industria es el motor del crecimiento de los estados modernos.
En cuanto a ese concepto de acumulación territorial o acumulación de capitales agrícolas, resulta curioso que el autor proponga su inicio en el siglo XVI. A lo largo de todo el artículo, no aparece mención alguna relativa a la enorme influencia de la tradición en el reparto de la tierra. Sería interesante conocer qué asocia a las grandes familias beneficiarias de las concesiones a la Mesta en época moderna con las familias que gozan de esos privilegios en época medieval, o con los grupos de poder que controlan la trashumancia desde época prerromana. Los cambios en la economía son muy significativos en la Edad Moderna, como prueba el resultado contemporáneo. Sin embargo, la pervivencia de los usos asociados a la economía de subsistencia permite establecer un proceso mucho más largo, y con aspectos que continúan sin excesivo cambio desde épocas arcaicas. Hasta que los cambios técnicos se generalizan, en el campo se sigue empleando el arado romano. En ese sentido, el siglo XVI no es el punto de inicio de la economía en el territorio peninsular. Para evitar llegar al extremo de afirmar tal cosa, el autor propone que el cambio esta matizado por varios ciclos en los que la economía retrocede significativamente. Las crisis que menciona el autor propondrían un proceso cíclico de mayor complejidad que la línea de progreso que parece plantear en la primera parte del artículo.
Uno de los puntos más interesantes del discurso del autor es aquel en el que se trata la influencia del descubrimiento de grandes minas de metales preciosos en el Nuevo Mundo. Aunque por el formato del articulo no es posible profundizar en las consecuencias económicas de la misma, si que se vislumbra la influencia de esta súbita aparición de “nueva riqueza”. Un ejemplo claro es la descripción del proceso de inflación (concepto de “revolución de los precios”) que acompaña la llegada del oro y la plata americanas. Sería interesante ver cómo afecta esto de manera efectiva a la economía de subsistencia antes mencionada. ¿El aumento de metales preciosos supone un aumento de la riqueza general o de la “riqueza de las naciones”? ¿Supone el enriquecimiento de ciertos grupos sociales? ¿Afecta a los parámetros de producción agraria o al proceso de evolución protocapitalista? Igualmente, ¿cómo afecta el cambio hacia un sistema monetario fiduciario al modelo de economía de subsistencia, tan dependiente de la existencia de un capital tangible?
Finalmente, el autor presenta el panorama del pensamiento económico del momento, demostrando en gran parte cuan complejo resulta el análisis. Con la exposición de los planteamientos de los proyectos de memoriales, del arbitrismo, del absolutismo reformista, y de los llamados regeneracionistas, es posible entender la difícil comparación entre realidad y teoría económica. Esta dialéctica entre teoría y práctica es el origen de las dudas expuestas en esta pequeña recensión, al igual que la responsable de los cambios políticos que acompañan a la evolución de la economía entre los siglos XVI y XVII.
Álvaro de Balbín Bueno. Grupo 5

jueves, 1 de noviembre de 2012

ADAM SMITH



                La figura de Adam Smith ha constituido uno de los principales campos de batalla dentro de la discusión intelectual que despertó el nacimiento de la economía como disciplina autónoma, indisolublemente ligado al desarrollo del capitalismo a partir del empuje de la Revolución Industrial (y obviamente, por lo tanto, a conflictos mucho más concretos que meras disputas teóricas). Considerado mayoritariamente como el padre fundador de la economía en tanto que disciplina autónoma, la originalidad de su aportación intelectual es objeto de dudas, así como su clasificación como economista y el sentido global de su obra. Pilar base del posterior desarrollo del pensamiento liberal, del que es considerado iniciador y referente básico, jamás participó de unos principios que no se estructurarán hasta después de su muerte (recordemos que el origen del término liberal suele asociarse al proceso constituyente de las Cortes de Cádiz).
                La propia obra de Smith no hace sino facilitar estas confusiones (aunque esto no justifica su manipulación en pos de unos determinados intereses), dado que la riqueza de sus escritos tropieza a menudo con una cierta desestructuración  e indefinición. Dentro de su obra capital, La Riqueza de las Naciones, han querido (y podido) verse expuestas teorías diversas y contradictorias en torno a muchos de los temas tratados, mientras que la relación entre el conjunto de su obra es también fuente de constante debate. A pesar de ser conocido por su aportación a la disciplina económica, Smith se mantuvo casi toda su vida más cercano al campo de la filosofía, labor que se tradujo en una diversa producción escrita que abarcaba desde ensayos sobre poesía hasta incursiones en la astronomía. En este punto cobra especial relevancia La teoría de los sentimientos morales, su pieza más destacada al margen de La Riqueza de las Naciones, que supone un trabajo destacable, aunque no original, sobre filosofía moral. Es en la coherencia entre estos dos libros donde la controversia sobre el conjunto del pensamiento smithiano y su estructuración ha centrado sus principales cuestiones.

Independientemente de las consideraciones que puedan hacerse sobre el resto de su obra y de cómo encaja el conjunto de ésta, su producción más destacada es sin duda la célebre La Riqueza de las Naciones, denominación común con la que suele resumirse el más extenso título de Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Desde su publicación en 1776 conoció una rápida y extensa difusión, logrando un éxito inmediato que le valió a Smith ser considerado el fundador de la ciencia económica. Pero lo cierto es que, aunque ha querido verse aquí la primera muestra de de un pensamiento económico sistematizado, este texto es una confluencia de elementos procedentes de la tradición económica previa, digresiones difusas, exposiciones contradictorias, agudas críticas, curiosos ejemplos y numerosos datos, sin llegar a conformar en realidad una exposición totalmente ordenada.
                De este modo, tal y como señala Perdices de Blas, dentro de La Riqueza de las Naciones pueden encontrarse esbozabas diversas teorías diferenciadas sobre temas centrales del pensamiento económico como pueden ser la teoría del valor (Perdices de Blas distingue hasta cuatro posibles teorías) o los salarios (cinco). La teoría del valor sería el punto base de todo el modelo económico smithsiano y el elemento fundamental sobre el que giraría a partir de entonces el desarrollo posterior de la disciplina. Obviando la espinoso cuestión de la relación entre valor de uso y valor de cambio, Smith centra su análisis en el segundo proponiendo lo que podría definirse como “teoría del valor-trabajo” que puede llegar a matizarse en una “teoría coste de producción”. El primer modelo explicaría el valor como el reflejo del trabajo incorporado durante la producción de una determinada mercancía. Atendiendo a las diferencias entre tipos de trabajos se llega, a través de la consideración de los salarios como elemento determinante, a la teoría coste de producción, siendo la suma de los factores trabajo, tierra y capital los definidores del precio. Esta teoría del valor enlazaría directamente con otra de las aportaciones más destacadas de Smith al pensamiento económico, la diferenciación entre precio de mercado y precio natural. Siguiendo estas categorías el precio natural supondría aquello que obtenemos por la teoría del valor, mientras que el precio de mercado sería el resultado de las fluctuaciones que la práctica económica conocería en torno a este primer precio natural, atendiendo a la ley de la oferta y la demanda.
                Si el precio natural cubre el factor trabajo, capital y tierra, esto supone entrar a considerar beneficios y salarios, que conforman los dos primeros elementos. Salarios y beneficios los analiza Smith de un modo conjunto, dado que la teoría que analiza la lógica de los salarios explica también el funcionamiento de los beneficios. La teoría del fondo de salarios consideraría estos como la cuantía que el capitalista dedica a satisfacer las necesidades de sus trabajadores a cambio de hacerse con el fruto de su trabajo, por lo que el salario sería un adelanto del futuro beneficio. La relación entre la cantidad de capital disponible para este fondo de salarios y la demanda de trabajo explicaría las dinámicas de los salarios, en una relación constante que a largo plazo Smith considera de un modo optimista, creyendo sortear la ley de bronce (salarios de subsistencia) viendo un progreso de las condiciones de los trabajadores en un supuesto mayor crecimiento a largo plazo de la demanda que de la oferta de trabajo, lo que eliminaría las restricciones que plantean los análisis relacionados con las barreras planteadas por el crecimiento demográfico y los medios de subsistencia disponibles. Pero en este punto hay que señalar de nuevo la variedad de las consideraciones presentes en la obra, puesto que Smith plantea también un conjunto de reflexiones sobre la relación entre la cuantía de los salarios y las relaciones de negociación entre trabajadores y patrones. En este punto aparecen algunos de los elementos críticos más pesimistas de la obra de Smith, algo que se hará presente también al tratar los efectos deshumanizadores de la división del trabajo, aunque a este respecto mantendrá una posición ambigua, alabando por un lado sus virtudes productivas y considerándolo fuente de progreso y por otro criticando sus peligrosas consecuencias sobre el trabajador.

                El funcionamiento de todo este modelo viene determinado en última instancia, según Smith, por la determinante necesidad de contar con el ahorro de los capitalistas, esto es, la necesidad de la reinversión constante de los beneficios, como presupuesto básico de la evolución económica en el marco de un modelo de competencia. La correcta evolución de la economía depende por lo tanto de que este ahorro se incorpore a la producción, sin que exista ninguna fuga en este proceso. Pero el elemento básico que pone en funcionamiento todo esto sería, como ya es sabido, el interés privado, que impulsado a través de la competencia se traduciría en el beneficio común. Pero no debe confundirse este principio, que supone un axioma de partida para sustentar toda la argumentación de Smith, con las reinterpretaciones que se han ido haciendo desde los sectores del liberalismo más extremista y simplista. Smith concede una importancia destacada al papel jugado por el Estado y las instituciones en diversas esferas (educación, defensa, obras públicas, etc.), y el Derecho adquiere una relevancia fundamental en toda su obra. En este punto las conexiones entre La teoría de los sentimientos morales y La riqueza de las naciones son más fuertes que nunca, dado que en ambas se le reconoce a la Justicia el carácter de pilar básico que garantiza el funcionamiento de toda la estructura social. Este punto le aleja bastante de la tradición liberal en la que ha querido sumergírsele de un modo tendencioso y anacrónico, posibilitando muchas otras formas de lectura del pensamiento de Adam Smith, una necesidad imperiosa debido al uso y abuso que ha sufrido su obra desde determinados sectores intelectuales y la gran cantidad de prejuicios y cargas acumulados a su alrededor.


La economía española de los siglos XVI y XVII

Las transformaciones económicas del siglo XVI

La revaloración de la tierra como factor de producción, provocada por el desarrollo demográfico favorable. Esta época se inscribe en una fase de crecimiento económico y de cambios sociales que se extiende desde la segunda mitad del XV hasta fines del XVI. Hay dos etapas: la primera, últimos años del siglo XV y más allá de la mitad del siglo XVI, definida por el estimulo de la apertura americana. La segunda seria las últimas décadas del siglo XVI y se adentraría en el siglo XVII, presidida por el paulatino cierre del mercado americano, en otras palabras que el autoabastecimiento, la revolución de los precios y el agotamiento del alza anterior.
Unas transformaciones económicas que producen, en el marco geográfico español, contrastes, diferencias y peculiaridades entre el interior y la periferia. Los reinos que componen la Corona de Castilla los más interesantes y en ellos se sitúa el centro de gravedad de la Península Ibérica; era un territorio rico, abundante en recursos demográficos y materiales, es en definitiva una economía de Antiguo Régimen, caracterizada por el predominio absoluto de la producción de subsistencias, por la debilidad general y la reducida capacidad de los medios de intercambio, la regionalización de los circuitos económicos, la frágil productividad y la extrema sensibilidad de las variaciones de la coyuntura. Marcada por rasgos nuevos como son el incremento demográfico, las nuevas necesidades, la apertura de nuevos mercados y un nuevo estado de espíritu que legitima los beneficios. Estas consideraciones se plantean a favor de dichas transformaciones en el sector agrario a fin de lograr satisfacer la demanda creciente de alimentos y de materias primas, en las actividades artesano-industriales y del comercio de cara a un mayor desarrollo y a la prosperidad de las ciudades.

El crecimiento agrario: expansión de los campos, aumento de las cosechas y evolución de la cabaña ganadera.

Desde la segunda mitad del siglo XV e inicios del siglo XVI, experimenta una transformación rápida, a causa del sentido expansionista de la economía y de la propia sociedad. Aunque conviene matizar que las condiciones agrarias de España no eran idénticas ni su tratamiento uniforme para cada región.
Se trataba de una agricultura caracterizada por el escaso desarrollo de los niveles técnicos y por el empleo de un utillaje tradicional. Las novedades serán introducidas durante los siglos XVII y XVIII. El incremento de la productividad agraria sólo podía conseguirse por la vía de la intensificación del trabajo, o bien a través de la extensión de la superficie cultivada, esta última vía fue la tendencia dominante durante el siglo XVI.
El tipo de explotación agrícola que se está dando es de grandes extensiones sobre todo por Andalucía, Castilla y Extremadura, es decir, explotaciones de gran propiedad, se fomenta por tanto el capitalismo territorial. Esta proliferación de grandes territorios agrícolas choca de frente con los intereses de la ganadería.
El sistema de cultivos aplicado es el bienal. La viticultura conoció asimismo una notable expansión en el siglo XVI debido al consumo cotidiano, comercialización y los precios. Menos extendidos están los cultivos destinados a proporcionar materias primas al artesanado local y a la industria. Este desarrollo agrícola se ve favorecido por el cambio y expansión de una economía de autosuficiencia, que a su vez está caracterizada por la comercialización de sus excedentes en ferias y mercados locales.

Industria y comercio en el ámbito de una economía agraria.

La expansión de los campos proporciona un buen florecimiento de las villas y las ciudades, en las cuales las actividades secundarias y terciarias alcanzaron un nivel no igualado con anterioridad. Entre los centros urbanos y rurales se produce una cierta compenetración, por el que los excedentes agrarios circulaban con mayor solvencia por medio de diversas vías: diezmo, venta, transacción comercial, hasta el centro urbano más próximo. Para que todo este entramado fuera eficiente era necesario unas infraestructuras, unos medios de transportes apropiados y a su vez que las vías por donde vaya a transcurrir ese comercio sean seguras.
La producción artesanal estaba orientada a la satisfacción de las necesidades más habituales. Las actividades manufactureras se revitalizaban por la demanda de la creciente población y por las posibilidades que ofrecían los mercados surgidos.
Esta producción industrial tiene su periodo de crecimiento en el siglo XVI aunque no condujo a ninguna alteración de sus estructuras básicas. Además existió un  esfuerzo del Estado por controlar mejor los oficios y la producción, así en los primeros están organizados por estatutos señoriales y ordenanzas gremiales; por ejemplo Consulados y Casas de Contratación.
Predominan las industrias para el consumo textil, las relacionadas con la fabricación y la producción de arte junto a la construcción naval, las extractivas y las siderometalúrgicas.
Las dos rutas terrestres principales eran desde Castillas a los puertos mediterráneos y otra era hacia Bilbao, para el tráfico con el norte de Europa. Así mismo el comercio marítimo mediterráneo desde establecimientos como Barcelona, Valencia, y Cartagena, y otro atlántico desde Sevilla y Cádiz.
En 1575, la suspensión de pagos decretada por la Corona, junto con el enorme incremento del impuesto de la alcabala, produjeron el colapso de las operaciones financieras y comerciales.

Economía y coyuntura: la revolución de los precios.

Estas transformaciones económicas aparecen vinculadas de forma directa al proceso del nacimiento de un incipiente capitalismo. Un factor esencial en la expansión económica será la mayor disposición de metales preciosos a partir del siglo XVI, con ello se provocaría una fuerte alza de los precios.
 Los precios en el caso español se confirma que sufren en dicho siglo un alza catalogada de “revolucionaría”, debido ello a la teoría denominada “cuantitativa” por la que cuanto más metal llega más altos son los precios, acrecentado todo ello por los desequilibrios entre producción y población.
Las instituciones económicas en la España del siglo XVI tuvieron como objetivo prioritario sanear, regular y hacer mucho más fluido la hacienda, la fiscalidad y los sistemas de obtención de recursos.
Conviene recalcar que especialmente durante el último cuarto de siglo el problema de base que tiene el Estado español es hacendístico. Para solucionar este problema se llevo a cabo un sistema institucional que garantizase una rápida y regular percepción de los recursos con el único fin de poder subsanar ese déficit que estaba contrayendo el Estado. El Estado contaba con grandes instituciones hacendísticas y financieras en la Corona de Castilla, Navarra y Corona de Aragón.

Debilidad económica y decadencia en la España del siglo XVII: crisis y reactivación.

                El siglo XVII es conocido como la época de la crisis. Una crisis que afecto al desenvolvimiento económico de toda Europa llevando nuevos motivos a los Estados para su intervención de manera directa en la vida económica. Uno de los primeros Estados en mostrarse preocupado será España, puesto que fue de los primeros Estados en sufrir las consecuencias y sírvase como ejemplo que a la muerte de Felipe II las arcas estaban vacías haciendo imposible el pago de las deudas a los banqueros.
               Estos efectos, desequilibrios y sus futuras readaptaciones fueron factores comunes en Europa, todo ello agravado con disturbios interiores y grandes guerras de por medio. Las diferencias vinieron marcadas por la determinación y los medios que cada Estado tenía a su alcance para poder hacer una política especifica que ayudara a superar la crisis del momento.
             Uno de los elementos de la crisis económica fue los problemas que acusa la producción tango agraria como industrial. En el caso agrario se le atribuye gran peso las dificultades que supuso la reiteración de los fenómenos meteorológicos adversos y malas cosechas. Por otro lado en el caso industrial fue la conjunción de la rigidez gremial ante la disminución de la demanda como la decadencia del comercio.
          Habrá respuestas para encontrar una salida de la crisis por parte de grupos llamados regeneracionistas o grupos memorialistas

Crisis económica: las actividades productivas.

La trayectoria de la realidad agraria durante el siglo XVII es que se producen lo que el autor llama “operaciones especulativas” en la tierra y su explotación que se le suma el incremento de la deuda que contraen los campesinos con los dueños llevan a una gran concentración de propiedad agraria en manos de la iglesia y la nobleza. Desde el punto de vista de la producción agrícola tampoco experimentó ningún cambio positivo sino que incluso se llega a reducir la extensión cultivada a favor de una dedicación significativa para la producción vinícola y la ganadería.También esta crisis cuantitativa de la producción afecta lógicamente al sector de las actividades industriales, que ven como las industrias más avanzadas como es el caso de la construcción naval, metalurgia y la textil muestran claros declives acrecentados por la intromisión extranjera.

Grupo 4: Alberto Arroyo, Carlos Castillo, Julio López y Javier Martínez

Jacob Viner


Jacob Viner, nacido en Canadá en el seno de una familia rumana en 1892, se licenció en la Universidad De Harvard en ciencias económicas. Sin embargo, desarrolló su labor académica y de investigación en la Universidad De Chicago, especializándose en el mercado internacional, tema sobre el cual escribió su obra más célebre, titulada “Estudios en la Teoría del Mercado Internacional”.

En los años treinta, fue asesor del gobierno de Roosevelt en la época del “New Deal”. Este dato es especialmente llamativo, puesto que a Jacob Viner siempre se le ha catalogado como económicamente liberal y políticamente conservador. Otro aspecto muy destacado de este economista es su ambivalente actitud frente a las teorías de Keynes, puesto que, si bien compartía sus ideas sobre la necesidad del gasto público, consideraba que su doctrina era inviable a largo plazo.

Sin embargo, el aspecto más importante de su obra, en lo que a nuestra asignatura respecta, es el análisis que hace del mercantilismo, que no considera una escuela de pensamiento económico sino un término usado para englobar y caracterizar a grandes rasgos el pensamiento económico imperante en la Europa del S. XVIII. Según Viner, estos enfoques de la economía estaban basados en una serie de falacias, las cuales le proporcionaban a las distintas doctrinas económicas esa serie de características comunes que han hecho posible etiquetarlas a todas a posteriori como mercantilistas.

Para terminar, es importante señalar que este economista es considerado por algunos como uno de los padres de la “Escuela de Chicago”, caracterizada por su liberalismo. No obstante, esto es muy discutido, puesto que su liberalismo era mucho más atemperado que el característico de dicha escuela de pensamiento. Además diferían en puntos muy importantes como la necesidad del gasto público, aspecto en el que, como hemos mencionado anteriormente, Jacob Viner coincidía con Keynes. 

Otro dato curioso sobre Viner es su actitud hacia el armamento nuclear, del que decía que era la forma más barata y eficaz de matar seres humanos, y era precisamente esta amenaza lo que promovería la paz a largo plazo. Esto hace que también sea considerado como uno de los padres de la doctrina de la Destrucción Mutua Garantizada.

Grupo 1: Javier Santos, Juan Sainz, Juan Cuevas y Lorena Pacheco.